Cirujanas en papel y pergamino

Alejandra Arévalo e Isabel Martín llevan inmersas varios meses en la restauración del fondo antiguo del Monasterio de Valvanera La Rioja, un encargo de Fundación Caja Rioja. Sobre sus mesas de trabajo, en el taller de restauración de la Plaza de San Bartolomé, se encuentran estos días unos pergaminos de Juana la Loca: “confirmaciones de privilegios” y dos “Reales provisiones de Juana de Castilla”.

Hace 15 años que terminaron sus estudios de Restauración y conservación de documentos gráficos en la Escuela de Restauración de Madrid. Desde entonces han pasado por sus manos cientos de documentos y legajos antiguos que han conseguido recuperar y, en algunos casos, resucitar.

Minuciosas, precisas, pero sobre todo muy respetuosas con el material que tienen entre sus manos, Arévalo y Martín se han convertido en las únicas restauradoras, junto a una congregación de religiosas de Santo Domingo, que realizan este tipo de trabajo en La Rioja. Su formación, su paso por el Centro de Restauración y Conservación de Bienes Culturales de la Biblioteca Nacional y el trabajo realizado en estos años les han garantizado el reconocimiento del centro nacional, de restauradores, archiveros y documentalistas, aunque no pueden ocultar cierto malestar al ver cómo muchos documentos salen fuera de La Rioja para ser restaurados. “Aquí, salvo algunas excepciones, no nos tienen consideradas, se cree que si algo se restaura fuera es mejor”, lamentan.

A lo largo de estos quince años, han pasado por sus manos cientos de documentos, el más antiguo el “Smarardo” del Monasterio de Valvanera, documento bautizado con el nombre del monje que escribió la regla y comentario de la orden de San Benito, en la segunda mitad del siglo X. Otros documentos valiosos que han recuperado han sido “la concesión de las tres flores de Lis a la ciudad de Logroño”, así como “la concesión del título de muy noble y leal ciudad” a la capital riojana. “El nombramiento de ciudad” a Arnedo o los 40 tomos del catastro del Marqués de la Ensenada. También han restaurado “el fuero de Logroño”.

El proceso de restauración es distinto ante cada documento, depende de sus características y estado en el que esté, aunque a lo largo del proceso se mantengan unos pasos. Alejandra e Isabel realizan primero un informe detallado, apoyado con fotografías, sobre el estado de conservación del documento. Después, proceden a su limpieza, ya sea mecánica o acuosa para lo que es necesario realizar primero una fijación de las tintas. Una parte importante de la restauración de un documento es medir su PH, su acidez porque “la acidez es el cáncer para el papel”, advierte Arévalo. El proceso culmina con la restitución “siempre de la misma calidad que el original”, cumpliendo la norma de que “todo lo que se haga sea reversible y libre de ácidos”.

“Cuanto más moderno es el papel peor se conserva”, dicen.

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