En la ciudad de Dios

El Monasterio de Santa María la Real en Nájera acoge una exposición que recrea la vida monástica en la Edad Media.

Cuenta la leyenda que, allá por el año 1044, el Rey García Sánchez III, más conocido como Don García, el de Nájera, se encontraba de cacería. Lanzó su halcón para apresar una perdiz y ambas aves se perdieron tras unas zarzas. Cuando el monarca fue a su encuentro, descubrió la entrada de una cueva en la que halló al halcón y la perdiz reposando a los pies de una imagen de la Virgen María. En aquel lugar, también había una campana, una lámpara de aceite y una jarra de azucenas. Por aquel entonces, García Sánchez III, que estaba en conflicto militar con los musulmanes de Al-Andalus, pidió protección a la Virgen.

La victoria del rey sobre sus enemigos fue el punto de partida de la construcción del Monasterio najerino de Santa María la Real en 1052, que en poco tiempo se convertiría en lugar de peregrinación, coincidiendo con la época de esplendor de la ciudad. No hay que olvidar que Nájera fue capital del Reino de Pamplona-Nájera entre los años 1035-1076.

Ahora, casi mil años después, el Gobierno riojano y la Fundación Caja Rioja han redoblado esfuerzos para devolver al cenobio el brillo de antaño. Y lo han hecho erigiéndolo en sede de la segunda edición de La Rioja. Tierra Abierta, una macroexposición que ahonda en la vida monástica de la Edad Media y que ofrece al visitante la posibilidad de viajar en el tiempo y experimentar a través de los sentidos la idea de Civitas Dei (Ciudad de Dios), que San Agustín predicó en el siglo V en respuesta a un mundo en crisis, tras la caída del Imperio Romano.

Para llegar a este punto, el monasterio ha sido sometido a un complejo proceso de restauración que se ha prolongado por espacio de una década y ha supuesto una inversión de casi seis millones de euros. Ahora, que vuelve a lucir en todo su esplendor, da cabida a la muestra Nájera. Legado Medieval, que podrá ser visitada hasta el próximo mes de octubre.

Los asesores técnicos del proyecto han tomado como punto de partida la Civitas Dei de San Agustín. Así, han recreado el monasterio como lugar para el trabajo, el estudio y la oración, intentando dar respuesta a los anhelos más profundos del ser humano: la búsqueda de la verdad y el alcance de la vida eterna a través de la comunión con Dios. De la parte histórica se ha ocupado el catedrático vallisoletano Julio Valdeón.

Nájera. Legado Medieval

Pero, Nájera. Legado Medieval no es sólo una sucesión de piezas de indudable valor artístico colocadas de forma ordenada a los ojos del visitante. Es mucho más. El propio cenobio se convierte en parte integrante de la exposición y, a todo ello, hay que sumar las numerosas posibilidades que brindan las nuevas tecnologías, mediante proyecciones, pantallas o montajes de luz y sonido.

El recorrido se estructura en tres espacios: la Iglesia, el Claustro Alto y el Claustro Bajo. El visitante accede a la nave central de la Iglesia a través del pórtico sur de Santa María. Bajo el epígrafe “Un espacio para la espiritualidad”, la luz se convierte en el hilo conductor de la visita, siguiendo las pautas de Bernardo de Claraval, para quien las iglesias no son lugares para hablar con Dios, sino para estar con él.

El Panteón de los Infantes, ubicado en la antigua Real Capilla de la Santa Cruz, es la primera parada. Destaca el Sepulcro de Doña Blanca, la esposa de Sancho El Deseado, que murió a los dieciocho años al dar a luz a su hijo. La tapa historiada del sepulcro constituye uno de los mejores ejemplos del románico en La Rioja. De ahí se pasa al Panteón Real, formado por doce sepulcros, diez esculturas yacentes y dos orantes. Alberga enterramientos de dos dinastías: la de Sancho Garcés II Abarca y la de García Ramírez El Restaurador. Cabe recordar que este monasterio es el lugar con más enterramientos de reyes tras San Lorenzo de El Escorial.

El siguiente hito es la Cueva de la Virgen, donde puede admirarse una imagen de la Virgen de la Rosa. Se cree que la talla aparecida en la cueva, la Virgen de Santa María La Real, es la que se sitúa ahora en un espacio preferente del Retablo Mayor. Es una talla románica, policromada, que sigue los modelos bizantinos caracterizados por su rigidez de formas, sobriedad y un hieratismo propios de las imágenes de los siglos XI-XII.

El recorrido prosigue con un apartado dedicado al culto mariano en La Rioja, donde se muestra una selección de imágenes de la Virgen procedentes de distintas localidades de la región: Nuestra Señora de Castejón, Nuestra Señora de Valvanera, Virgen Grande, Virgen del Rosario, Nuestra Señora de Villavieja, Nuestra Señora del Pueyo, Nuestra Señora de Gutur, Virgen de Trápani, Virgen de la Leche, Virgen del Prado, Virgen con el Niño Muñeca de Malinas y Asunción. Las tallas han sido colocadas a la altura de los ojos del visitantes, a fin de lograr un efecto humanizador.

De ahí se pasa al Claustro Alto, bautizado para la ocasión como “La ciudad imaginada”. La visita prosigue en el Coro, donde destaca su impresionante sillería, construida a finales del XV y principios del XVI por los judíos conversos Nicolás y Andrés de Nájera. En sus delicadas tallas se mezcla el exuberante gótico flamígero, dominante en la época de los Reyes Católicos, con el plateresco y renacentista.

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