Archive for Abril, 2006

Abr 21 2006

Hallada en Armentia una necrópolis medieval

Así lo asegura el antropólogo y médico forense Francisco Etxeberria Gabilondo. Su equipo, formado por cinco expertos de la sociedad de Ciencias Aranzadi y de la Universidad del País Vasco, analiza en San Sebastián los primeros restos humanos encontrados el año pasado durante las excavaciones en la zona norte del templo de Armentia (Alava), donde también se buscan indicios de la primera catedral vasca.

El hallazgo de varios centenares de cuerpos de los siglos XII, XIII y XIV provocó en un primer momento interés y expectación. En particular, el cráneo trepanado de un varón. La curiosidad se transformo en sorpresa y admiración más tarde, cuando los expertos limpiaron y restauraron 150 esqueletos. “No esperábamos encontrar tal cantidad de heridas en los cráneos. Ya las hemos descubierto en más de quince. Se trata de lesiones graves, como hundimiento y perforación del hueso”. Lo más increíble, que los huesos cicatrizados demuestran que, salvo en una de las trepanaciones, los demás hombres sanaron y continuaron con su vida cotidiana. En necrópolis de Palencia, Ciudad Real y Pamplona se han hallado restos humanos con heridas de arma blanca, pero la mayor parte de las víctimas no sobrevivieron a esos hachazos mortales.

Los restos que tienen maravillados a los expertos corresponden a varones relativamente jóvenes, posiblemente soldados residentes en la capital alavesa. “No se trataba de guerreros de paso, ya que han aparecido espuelas y hebillas, lo que lo convierte en un lugar de interés para la gente pudiente, soldados de carrera y personas con prestigio”, apunta Etxeberria.

Las heridas que estudian ahora fueron producidas por mandobles de espada, lesiones “propias de la Edad Media, aunque su número está por encima de la media de cualquier otra necrópolis medieval conocida en la Península”, insisten los investigadores.

¿Pero quién les curó? “Que en aquella época sobrevivieran a lesiones de tal calibre da a entender que fueron atendidos por manos expertas, ya que alguien no adiestrado no se atrevería con ellas”, afirma Etxeberria.

El libro La medicina en la Álava Medieval, de los historiadores César González e Iñaki Bazán, recoge esta información de las actas municipales de Vitoria de aquel año: “Se presenta ante los miembros rectores del municipio David, cirujano”.

Pedro Ramos, médico y coordinador del citado volumen, asegura que este profesional “era judío, y tuvo que solicitar una venia especial para desarrollar su actividad, muy semejante a la practicada en la actualidad”. Tanto es así que escalpelos, bisturíes y pinzas eran sus herramientas de trabajo, todas ellas de hierro o bronce. Pese a ello, era considerada una ocupación inferior a la medicina y muchos de los que la ejercían eran barberos.

Pero aunque el primer cirujano alavés documentado en los archivos sea del siglo XV, la necrópolis de la basílica de Armentia revela ahora que tres siglos antes hubo manos muy expertas en la zona que curaron heridas mortales. “Los hallazgos permiten considerar que en Vitoria o en su entorno próximo, en aquella época, había capacidad quirúrgica como para atender a heridos de lucha, quizá incluso en la comunidad monástica de la basílica”, explica el antropólogo.

Otra clave más. En aquellos siglos la trepanación tenía, en la mayor parte de las ocasiones, un componente de magia. “Se trataba de un rito para extraer el mal del cerebro”.

Muchos son aún los enigmas por resolver. Entre ellos, la forma de vida de los vitorianos medievales y el papel que representaba en el día a día la basílica de Armentia. Futuras excavaciones, en las que se espera encontrar más restos humanos, y estudios más exhaustivos retomarán el hilo de una historia real tan apasionante como la mejor ficción cinematográfica.

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Abr 05 2006

Segorbe, entre toros y caballos desde el siglo XIV

La singular entrada de toros y caballos de Segorbe (Castellón), declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, data de la centuria del 1300 pero su verdadero origen podría remontarse tiempo atrás, cuando se llevaban los astados de los corrales a la plaza.

La firma del responsable de la Secretaría General de Turismo de Madrid ha puesto fin a 26 meses de papeleo, malentendidos y manifestaciones encontradas, desde que a mediados de octubre del 2003 el Ayuntamiento de Segorbe, por unanimidad de sus miembros, solicitó al gobierno el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Internacional para la singular entrada de toros que cada año, en la segunda semana de septiembre, se celebra en Segorbe.

La entrada de toros de Segorbe es, junto al Corpus Christi de Toledo, la fiesta más antigua declarada de interés internacional por el Ministerio de Turismo.

De su origen, hay que reconocer que no hay muchos datos. Y la explicación es lógica porque la entrada se ha considerado siempre como un complemento al día de toros en su conjunto, como una operación previa y necesaria para poder correr los toros en la plaza y que consistía en llevar las reses hasta el recinto donde se exhibían.

En el expediente anteriormente citado se da una fecha en las postrimerías del siglo XIV para confirmar que en aquellos tiempos ya se realizaba el singular encierro.

Seguramente, habrá que remontarse algún siglo más para encontrar una vinculación entre el recorrido que siguen los toros desde que suben del río hasta llegar a su destino en la plaza, siguiendo el trazado de la muralla, antes musulmana y, con posterioridad, cristiana.

Los toros, primero solos y luego acompañados de caballos, bordean el perímetro amurallado de la antigua ciudad medieval, desde el antiguo portal de Sopeña hasta el de Valencia.

Luego llegan a la actual plaza de la Cueva Santa que, muy posiblemente, sería en época medieval un descampado, un terreno de nadie donde los cristianos del arrabal y, por qué no, los musulmanes que ocupaban la ciudad, distraían su ocio.

Allí recortaban la embestida de los toros o salvaban el trasero del acecho de las vaquillas.

Sin duda, hay muchos otros aspectos a destacar de la entrada de toros de Segorbe, pero uno de los más destacados es su consideración como símbolo en el que todos los vecinos de la ciudad se sienten identificados. Tal vez por ello, más que por ningún otro motivo, Segorbe ha merecido el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Al margen de las consecuencias que el reconocimiento puede tener para el propio festejo, una de las ventajas conseguidas es que el nombre de Segorbe se oiga en los mercados turísticos internacionales y pueda servir de atracción inducida no sólo en los días de celebración de la entrada sino todo el año.

Un ejemplo más de que el medievo sigue vivo y a la vuelta de la esquina.

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