Pretendo resumir en dos entradas los principales post publicados durante este 2008 que ya termina. Estas son las noticias selecionadas para esta primera parte:
Con este fantástico villancico de Juan del Enzina, que sonaba a finales de la Edad Media, me gustaría desear a todos los lectores de medievalum una Feliz Navidad.
Hoy comamos y bevamos,
y cantemos y holguemos,
que mañana ayunaremos.
Por honra de San Antruejo
parémonos hoy bien anchos.
Embutamos estos panchos,
recalquemos el pellejo:
que costumbre es de concejo
que todos hoy nos hartemos,
que mañana ayunaremos.
Honremos a tan buen santo
porque en hambre nos acorra;
comamos a calca porra,
que mañana hay gran quebranto,
Comamos, bevamos tanto
hasta que nos reventemos,
que mañana ayunaremos.
Beve Bras, más tu Beneito.
Beva Pedruelo y Lloriente,
Beve tú primeramente;
quitarnos has desse preito,
En bever bien me deleito:
daca, daca, beveremos,
que mañana ayunaremos.
Tomemos hoy gasajado,
que mañana vien la muerte;
bevamos, comamos, huerte,
vámonos carra el ganado.
No perderemos bocado,
que comiendo nos iremos,
y mañana ayunaremos.
Juan del Enzina (1494). Interpretado por Hespèrion XX bajo la dirección de Jordi Savall.
Antes de la llegada de los primeros cristianos al norte de Europa, los habitantes de esas zonas celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol de hoja perenne en las fechas próximas a la navidad cristiana.
Representaba la antigua creencia germana de que un árbol gigantesco sostenía el mundo y que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, la luna y el Sol. Era también símbolo de la vida, por no perder en invierno su verde follaje cuando casi toda la naturaleza parece muerta. En algunas casas en los países nórdicos durante el invierto se cortaban algunas ramas y se le decoraba con pan, fruta y adornos brillantes para alegrar la vida de los habitantes de la casa mientras transcurría el invierno.
Se dice que el misionero británico San Bonifacio (siglo VII-VIII), comprendiendo que era imposible arrancar de raíz esta tradición pagana, la adoptó dándole un sentido cristiano, haciendo que el árbol adornado fuera también un símbolo del nacimiento de Cristo. Así según cuenta la tradición/leyenda San Bonifacio derribó el árbol que representaba a Yggdrasil, y en su lugar plantó un pino, símbolo del amor perenne de Dios y lo adornó con manzanas y velas, dándole un simbolismo cristiano, las manzanas representaban las tentaciones, el pecado original y los pecados de los hombres; las velas representaban a Cristo, la luz del mundo y la gracia que reciben los hombres que aceptan a Jesús como Salvador.
El primer árbol de Navidad del que hay constancia se puso en la Catedral de Estrasburgo en 1539. En el siglo XVII comenzaron a ponerse arbolitos en las casas de familia. En aquel tiempo se decoraban con manzanas, nueces, bolas de papel, etc. La costumbre del arbolito de Navidad se difundió por toda Europa en la Edad Media y con las conquistas y migraciones, llegó a América.